SOY EL PUTO AMO

14/01/2016

Suena egocéntrico, incluso narcisista pero sí, soy el puto amo.
Aunque mi reino solo exista en mi mente y no se extienda más allá del atril de locución, donde mis súbditos no son otros que un micrófono y unas cuantas palabras escritas que juntas, y bien puestas, dan forma a un texto.
O por lo menos es lo que quiero creer para darme autoconfianza cuando ante mi surgen retos de locución y el fantasma de la inseguridad pulula por entre las espumas de la sala de grabación.

Estar delante de un atril supone un reto para casi cualquier mortal, estarlo en una sala con un director, otros actores/locutores y aún peor, con el cliente, puede llevar a convertirte en un auténtico desconocido hasta para ti mismo y desencadenar, debido a los nervios, una auténtica oleada de tropiezos en la lectura, respiración acelerada, un “se me lengua la traba” y hasta el clásico tembleque de extremidades como si estuvieras haciendo el “baile de san Vito”. Es precisamente en ese momento, cuando te asola la inseguridad, cuando debes pasar del 'Clark Kent' al auténtico 'Supermán', es decir, convertirte y autoconvencerte de que eres el puto amo.
Eso si, sin pensar que estás por encima de nadie, tan solo por encima de ti y tus miedos, y por supuesto sabiendo que tu estás 'al servicio de la Humanidad' y que por lo tanto un director de sala y un cliente (que es el paga) son los que siguen mandando en el cotarro en cuestión. Superman, sí, pero con los pies en el suelo.

Podemos llevar años en este oficio pero nada supera los nervios como cuando vas por primera vez a un estudio nuevo. Es posible que entres raudo, veloz y con toda la autoconfianza del mundo pero también es posible que esa confianza en ti mismo se venga abajo en la primera corrección del director de sala.
Por eso tu actitud tiene que ser siempre positiva y receptiva e intentar adaptarte a todo lo que te vayan solicitando. Es posible que te expriman hasta límites que ni tan siquiera tu conoces y que te corrijan hasta la saciedad pero no por ello has de pensar que lo hacen porque no sabes o no les gusta como interpretas, sino por el hecho de que cada persona tiene su propia visión de la pieza que se ha de locutar e intentan que el resultado final sea el que se ha elaborado en su propia mente. Conseguir pues el resultado del director de sala o del cliente sin estar metido en su cabeza es, sin lugar para la duda, algo de lo que al final nos debemos sentir muy orgullos. Es el trabajo, en definitiva, para el que nos pagan.

En esta profesión he estado y sigo estando ocupando todas las facetas: locutor, técnico, director...
Como este último no hay nada más frustrante que un locutor, inmerso en una sobredosis de pseudoseguridad, se niegue a repetir una pieza o cuestione el por qué de dicha repetición. Debemos tener presente siempre que un director sabe lo que quiere y lo que puede sacar del actor/locutor.

Desde el papel como Técnico puedo decir que son los que tienen el poder. Allí en la mesa y ante el ordenador son los que pueden “salvar” la pieza o “putearla” en todos los sentidos.
Siempre he pensado que los técnicos son una de las herramientas más preciadas de esta profesión y a las que más hay que respetar y no siempre se hace.

Como locutor hay que ser humilde en todos los sentidos. Acatar las correcciones, directrices y matices que tanto el director como el cliente puedan expresar. No quita que puedas exponer tu opinión y criterio e incluso aportar ideas pues nadie mejor que tu conoce tus propios limites, pero siempre hay que respetar la decisión de quien tiene la última palabra en el trabajo: el que paga¡ -por más que te pese :)-

En resumen, que eres el puto amo pero solo mandas en ti y que tu tienes el poder pero solo para hacerlo mejor. Lo demás... ¡déjalo en otras manos¡ Hazme caso ¡

Comentarios

Muy bien expuesto. El puto amo es el que sabe ofrecer lo que el cliente quiere. Lo que quiere el que paga. Y punto!

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